El Día del Laico en México y cómo nos organizamos.

November 23, 2019

En el último domingo del tiempo ordinario y en la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, la Conferencia del Episcopado Mexicano, estableció que se festeje en toda nuestra Patria el Día Nacional del Laico, con la particularidad de que el beato y mártir Anacleto González Flores es a partir del 11 de julio de este año, el Patrono de los Laicos mexicanos. 

 

Pero ¿Quién es Anacleto González Flores? El Patrono de los Laicos mexicanos.

 

Les podemos contar que Anacleto nació en Tepatitlán, pequeño pueblo del Estado de Jalisco, cercano a Guadalajara, el 13 de julio de 1888. Sus padres, muy humildes, eran fervientemente católicos. De físico más bien débil, ya desde chico mostró las cualidades propias de un caudillo de barrio, inteligente y noble de sentimientos. 

 

Al llegar a los veinte, ingresó en el seminario de San Juan de los Lagos, destacándose en los estudios de tal forma que solía suplir las ausencias del profesor, con lo que su antiguo sobrenombre quedó consolidado: sería para siempre «el Maistro». Luego pasó al seminario de Guadalajara, pero cuando estaba culminando los estudios entendió que su vocación no era el sacerdocio. Salió entonces de ese instituto e ingresó en la Escuela Libre de Leyes de la misma ciudad.

Existe una anécdota en 1918, donde la ACJM de la ciudad de México lo invitó a dar una conferencia en la capital. Cuando llegó a la estación, los que lo esperaban, que no lo conocían, quedaron poco impresionados por el tipo desgarbado de Anacleto, sus ojos hundidos y soñadores. Horas después subió al escenario con su atuendo sencillo, ante un auditorio donde predominaban los jóvenes. Cuenta uno de ellos que los primeros diez minutos provocaron un gran desconcierto. «¿Ésta es la maravilla que nos manda Jalisco?», se preguntaban por lo bajo. Sin embargo, el tono del discurso, monótono al principio, fue creciendo. Su pensamiento se lanzó a las cumbres. Tras una hora, que pasó fugazmente, la sala estalló en aplausos. «Vibraban nuestras almas al unísono con la suya», dijo uno de los oyentes.

 

 

A finales de 1926, luego de haber a